Hola, me llamo Laura Martínez, tengo 21 años, la historia que os relataré sucedió cuando tenía quince años. Mis ojos son verdes y mi cabello castaño, tomaba lecciones de piano todos los jueves de 3 a 5, mi profesora era una amiga de mi hermana que estudiaba artes, era ocho años mayor que yo, es decir tenía 23 años. Fernanda tenía la piel pálida, ojos cafés y unos senos enormes. Aún siento su sabor de solo recordar aquel día, un día de lluvia, (solía ir con el uniforme del instituto) a mitad de camino me cayó un torrencial aguacero, no habría sido para tanto si no fuese por un carro que levantó una pared de agua, dejándome: los pies mojados, medias empapadas, mojada hasta la tanga y empapado hasta el culo. Pero nada de eso me detendría para ir a verte, siempre a las tres en punto; ella abrió la puerta, vestía una blusa roja, un pantalón negro y tenía el cabello recogido en una moña color rosa, recuerdo que le vi a los ojos, sus ojos cafés pero luego desvié la mirada hasta los labios de su boca, (solía utilizar un labial tan rojo) e involuntariamente me mordí el labio inferior.

D.C  a FINE.

Quedó aterrada de lo mojada que estaba, me dijo que siguiera al baño y esperara, que esperara o si no le iba a terminar inundando el apartamento con el agua que se escurría de mí junto con mis jus salé. Con cada paso dejaba un pequeño charco, como un camino (como las migajas de pan para no perderse). Me quité los zapatos de charol, las medias, y comencé a secar mis piernas. -Quítate la ropa-. Dijo ella, me apenaba que pudiera ver mi sexo, solo llevaba una tanga negra, (me gustaba ir a sus clases a veces sin ropa interior). -No tengo pantaloneta-. Le respondí, ella se quedó observándome, me quité el saco y fijó sus ojos en mis pechos, y mis pezones que se asomaban tímidos a través de la tela húmeda de mi camisa, se podían ver erectos, hasta se podía ver mi piel y el color de mis aureolas rosadas. Ella soltó una risa, dejó las toallas y dijo “creo que mejor te dejo sola… te espero en el piano” cerró la puerta, me desvestí, al momento comenzó a sonar el concierto para piano no. 5 de Beethoven segundo movimiento, el preferido de Fernanda, yo solo me limitaba a escucharlo en mi desnudez, me había quedado tan absorta que no me había percatado que Fernanda me había estado llamando del otro lado de la puerta, la abrió de un jalón y se quedó viendo mi cuerpo desnudo, frente a frente, me dejó un pantalón y un buso, salió sin prisa, me las puse y me fui al piano, me senté en el taburete, ella siempre se paraba detrás mío -Comienza con las escalas-. comencé, me equivoqué y ella se acercó por detrás aprisionándome la espalda con sus enormes senos y corrigió mis dedos, comencé de nuevo pero volví a equivocarme… pero esta vez a propósito, luego colocó sus manos en mis hombros y comenzó a acariciarme, me echó hacia adelante y se sentó atrás mío, acariciaba mi cintura, mis piernas y luego mis muslos. Ella se quitó la blusa y el sostén, me quitó el buso y pude sentir su piel contra mi espalda, su calor, besó mi cuello, y si, nos besamos, me di vuelta y quedé sentada encima de ella, y nos volvimos a besar, llevó mi boca hacia su pecho con sus enormes aureolas oscuras, y así quedamos frente a frente, seno con seno, pezón con pezón, sexo con sexo, como en un sueño.

FINE.

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