Salió el metro de media noche, casi vacío, con ese silencio imperante de la oscuridad, el termómetro marcaba los cinco grados; en una de las sillas iba Julia: cabello rubio, ojos marrón, un abrigo gris, pantalón oscuro… Iba otro pasajero más en ese vagón, mantenía la cabeza abajo, como si durmiera y su aroma era de licor. Solo se escuchaba el ruido del metro, el chirrido de los rieles mientras avanzaba por aquel túnel oscuro; Julia solo salió de su ensueño al sentir que las luces parpadeaban, pronto el metro se fue deteniendo lentamente causando un pequeño silbido, aquel silbido de los frenos que hizo eco en esa noche fría y oscura, las luces dejaron de titilar para finalmente dejar todos los vagones inmersos en la oscuridad; comenzó a sonar un pitido bastante molesto, junto con una luz intermitente que se hallaba cerca de la puerta, se activaron unas luces color naranja… como las de las ambulancias, Julia se levantó, todo estaba tan silencioso que solo se escuchaban sus pisadas, solo se escuchaba su respiración, se acercó a la puerta pero ésta parecía estar sellada..

12:00 a.m.

¿Por que se había detenido de tal forma el metro? ¿Habían cortado la electricidad? ¿Vendría alguien a recogerlos? Julia tomó su celular, no había señal, solo tenia aquella luz blanca, se acercó un poco al hombre que dormía, parecía en un estado de coma, iluminó la parte frontal del rostro y pudo ver como éste tenia una hemorragia nasal, muy pequeña, como un hilo de sangre que salia de su nariz hasta sus labios, donde se convertía en pequeñas gotas que caían al suelo, Julia prefirió no tocarlo… y mas bien alejarse, decidió ir hasta los otros vagones,que estaban completamente desolados… menos el ultimo donde había una mujer de apariencia asiática, ya anciana, con la mirada perdida, con una niña pequeña que iba sentada en sus piernas, Julia intento comunicarse pero no hablaban el mismo idioma, así que decidió volver a su vagón.

Todo estaba tan silencioso que solo se escuchaban sus pisadas, solo se escuchaba su respiración, iba por un vagón desolado cuando sonó un pitido, y se abrieron la puertas, sintió como el frío entraba bruscamente, se asomó a la puerta, pero todo estaba prácticamente oscuro, un túnel infinito con una luz baja cada seis metros… color naranja, pudo ver que en la ultima puerta se asomó la niña, la saludó con la mano, con gesto infantil e inocente, Julia le sonrió, pero sentía miedo, sentía que alguien le observaba, así que decidió mirar hacia el otro lado y su corazón se aceleró, a un lado de los rieles estaba aquel hombre de su vagón, con la mirada profunda, como una estatua, una estatua con el rostro empapado en sangre, Julia se sintió aterrada, volvió a sonar aquel pitido pero esta vez las puertas se cerraron de forma violenta, el metro comenzó a moverse lentamente hasta pasar por enfrente del hombre con el rostro manchado de sangre… se aceleró mas su corazón al contemplar la posibilidad remota de que el metro podría detenerse nuevamente y las puertas se abrirían enfrente de ese ser, que la miraba con una sonrisa sacado del propio averno, sin parpadear, con los ojos bien abiertos, como un cuerpo poseído, con aquella sonrisa endemoniada, con aquella sonrisa de hiena, Julia se sintió aterrada, ese momento se le hizo eterno, pronto el metro comenzó a ir un poco mas rápido pero no mucho.

Todo estaba tan silencioso que solo se escuchaban sus pisadas, solo se escuchaba su respiración, decidió ir a su vagón nuevamente, al entrar se encontró con un espectáculo de vísceras regadas por el suelo, un aroma fétido, que no pudo aguantar las ganas de vomitar, salió corriendo hasta el ultimo vagón y el tren siguió su rumbo, hasta llegar a la estación donde habían muchos hombres con aquellos trajes de protección biológica, la mayoría de los metros como el de Julia se hallaban en modo cuarentena; pues esto apenas comenzaba.

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